El pulso de la electrónica en Colombia encontró un nuevo epicentro. Kinder debutó con fuerza con el Kaputt Festival Futuro 2026, un encuentro que dejó claro desde su primera edición que aquí no se viene solo a bailar: se viene a pensar, cuestionar y empujar la escena hacia adelante.
Durante dos días, el festival operó como un organismo vivo dividido en dos estados: laboratorio de día y ritual de noche. Bajo el sol, más de 30 voces clave —entre curadores, artistas y agentes— activaron conversaciones incómodas pero necesarias: precarización en la vida nocturna, el impacto de la IA, la estandarización del sonido global y el rol del error como motor creativo. Nombres como Eugenio Viola, Philippe Siegenthaler o Ana María Romano aportaron a una narrativa que entiende la electrónica como cultura, no solo como entretenimiento.

Pero cuando cayó la noche, la teoría se convirtió en energía pura. Ocho escenarios encendidos por una curaduría precisa reunieron a figuras locales y globales: desde la sensibilidad melódica de Julio Victoria hasta el house neoyorquino sin concesiones de Eli Escobar, pasando por el electroclash legendario de David Carretta. También brillaron actos como Julianna, Nicolás Duque, Memek y Nuclear Digital Transistor, consolidando un diálogo real entre lo local y lo internacional.

El viaje no fue lineal. En el escenario Kaputt, los paisajes sonoros de Alejandro Bernal transformaron el espacio en una selva sensorial, mientras que sets como el de Rodion en CRTR rompieron las reglas: música clásica sin teléfonos, pero con cuerpos en trance. En Bonfire, la experimentación audiovisual de Resonancia Cromática llevó la experiencia hacia terrenos casi performáticos, fusionando síntesis analógica con visuales orgánicos en tiempo real.
La narrativa del festival también se construyó en los detalles: espacios como Avión —íntimos y de aforo limitado— donde nombres como Julio Victoria o Nuclear Digital Transistor generaron filas constantes, o Depot, donde propuestas como The Virginia Valley jugaron con la nostalgia y la reinterpretación sonora.

Los cierres fueron contundentes, sin concesiones. Eli Escobar convirtió Sector 9 en una pista sin filtros, cruzando house con referencias inesperadas que conectaron generaciones. Por su parte, Damon Jee marcó el tono antes de un cierre explosivo de David Carretta, en un Kaputt completamente desbordado.
Más allá del cartel, lo que Kinder logró fue algo más ambicioso: demostrar que un festival puede ser plataforma, laboratorio y ritual al mismo tiempo. Un espacio donde la curaduría pesa tanto como el lineup y donde el futuro de la electrónica se discute, se cuestiona… y se baila.
Kaputt Festival Futuro no solo cumplió —redefinió expectativas. Y si esta fue la primera edición, la pregunta no es si crecerá, sino hasta dónde puede llegar
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